27 oct 2007

Zona erógena


Un poco más abajo de la oreja,
sobre la pelusa tibia que se arremolina al borde del cráneo,
donde la piel está suelta sobre el hueso, justo en el límite entre el cuello y la nuca.
La curva de la carne se retuerce,
la cabeza intuye la ruta de una búsqueda y dirige la caricia hacia el punto exacto donde el cuerpo pide ser tocado.
Si los dedos encuentran ese punto,
la columna se vuelve un arco que no quiere volver al reposo,
que implora detener el roce sobre ese punto y se hace eterno en la tensión de su propio goce.
La piel se eriza hasta volverse un campo fértil. Ronronea.

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